Historia, Cultura y Datos Genealogicos de varias familias de Antioquia y el Viejo Caldas en Colombia

 

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Postguerra: de 1877 a 1898

Manizales, la gran capital de la Arrieria

 

Las guerras del 60 y 76 favorecieron a Manizales en lo económico, político y los social. Aumentó la población a 30,000 habitantes (por los soldados). Antioquia se convirtio en un bastión conservador y Cauca en una fortaleza liberal.

A partir de la dominación liberal los habitantes de Manizales se aferraron mas a la región de Antioquia y a la ideología conservadora, y comenzo una intolerancia religiosa a raíz de la huida de los sacerdotes, quienes abandonaron la población para evitar los vejamenes por su participación en la guerra del 76. 

Sus costumbres sin embargo se vieron influenciadas por los negros del Cauca (como denominaban a todo el conjunto de personas que permanecieron en la zona a raíz del nuevo gobierno) : hubo prefecto y alcalde caucanos y una guarnición de soldados del Cauca. La guerra del 76 cambió las costumbres de los manizaleños por la influencia de los soldados Caucanos que permanecieron en la ciudad y de otro lado la ideología liberal fue penetrando lentamente en este bastión conservador de Antioquia.Tambien se inició el pillaje por bandoleros en grupos de 6 a 8 personas, reductos del antiguo ejército. Se establecieron las Juanas como prostitutas. 

Se construyeron puentes sobre los ríos y techados con teja o paja para proteger a los viajeros de la lluvia, con travesaños de madera sobre los cuales escribían los transeúntes con carbón o piedra blanda y quebradiza pedazos de sus vidas. Las Fondas con ventanas enrejadas con barrotes de madera, siempre tenian abierta una de ellas, para vender aguardiente, chicha, leche y natillas.

Se comenzaron a utilizar los Coches o Victorias tirados por carruajes.

La dieta de los manizalitas consistia en : Sopa de huevos, carne de marrano molida, plátanos, fríjoles y chocolate, chicha, leche y natillas (leche cuajada con panela), mazamorra, huevos fritos, bollos de maíz o arepas, chocolate y leche. Plato especial de Manizales: INDIOS DE GUISO O QUESITO. Bebidas: vermouth tinto San Julián, jerez seco, cerveza inglesa. Se inició la fabricación y venta de chicha, y la producción y comercio de café. Se comerciaba cigarrillo, esperma, cominos, máquinas de coser de pedal, alhajas de oro y carey, loza y porcelana, vinos en barriles, sartenes de bronce, velas y jabón, clavos de olor, canela, galletas. 

Foto del comedor de Carlos Coriolano Amador, millonario empresario antioqueño de fines del siglo XIX, para dar una idea del lujo de los elementos que algunas personas poseian importadas de Europa :

Comedor del Palacio Amador. Foto: Melitón Rodríguez

En 1880 el sistema de transporte de Manizales contaba con 152 mulas y caballos para viajeros y su carga, 300 bueyes y mulas para acarreo de víveres y materiales de construcción, 1200 bueyes para transporte de mercancías hacia puntos fuera del distrito. De Manizales a Medellín se demoraban 7 días por el camino de herradura de 200 km. Los campesinos vendían todos sus excedentes de producción a la población de Manizales. La arriería permitió el ascenso social de pequeños arrieros.

Se prefería el buey para el transporte porque era bueno para recorrer caminos en invierno, resistia las heladas de la cordillera y eran fuertes para salir de los pantanos. Las partidas de bueyes tenían de 5 a 20 animales, luego de 40 a 50. En bueyes llegaban a Manizales pianos, órganos, calderas y cables de acero. 

Las recuas empezaron con pequeñas partidas de cinco a 20 bueyes pero no todos cargados porque se dejaban algunos en pelo para ayudar a los enfermos o cansados; con el tiempo aumentaron los empresarios de arriería, los arrieros y las recuas. Para principios de siglo había en Manizales numerosas recuas de 50 bueyes que viajaban constantemente por el páramo hacia el Tolima, siendo las más importantes las de los hermanos Estrada Botero (Félix, Diego, Tiberio y Emiliano), los mayores empresarios de la arriería en Manizales; también eran famosas las recuas de Justiniano Londoño. Famoso arriero: COTOÑO -Francisco Antonio Echeverri: transportó en bueyes la estatua de Francisco José de Caldas desde Mariquita.

Una recua de 15 o más mulas o bueyes la manejaban normalmente cuatro arrieros que se distribuían a lo largo de la caravana, un muchacho que iba adelante conduciendo por la nariguera al buey madrino, el sangrero, que se encargaba de la comida, y varios perros.

La recua marchaba alegre animada por los ladridos de los perros, por las campanillas del buey madrino y por los silbos, gritos e interjecciones producidas por los arrieros; éstos a su vez permanecían atentos para guiar los bueyes en los malos pasos, ensanchar caminos y componer las cargas cuando se ladeaban.

Los arrieros vestían con pantalones remangados a la altura de la pantorrilla, camisa gruesa, sombrero aguadeño, alpargatas de cabuya, poncho, mulera, pañuelo raboegallo, larga peinilla de muchos ramales, carriel de nutria y largo zurriago.

Viajaban con el hatillo que incluía ollas para cocinar, el tarro de guadua con las velas, un toldo para acampar, y el bastimento conformado por carne, tocino, frisoles, panela, chocolate con harina, café, las estacas (masas de maíz cocinado con chicharrón de empella envueltos en hojas de vihao) y bizcocho de arriero (costras grandes y delgadas de maíz capio, con mantequilla y huevo que se asaban en un plato de barro llamado "callan").

Otro camino importante era el de El Perrillo o La Moravia, abierto en 1890, por concesión del gobierno a particulares. Salía de Manizales a Hoyofrío, Río Guacaica, la Rocallosa, fonda Los Sauces, fonda Ventiaderos, La Plancha, San Pablo -fonda y peaje- La Línea -división entre Antioquia y Tolima- La Moravia y aldea Brasil, y empataba con el camino que conducía a las aldeas de Los Mesones, Cruz Gorda, Aldea de Guarumo, La Florida, Fresno y Mariquita. De esta forma,  los manizaleños exportaban el café en recuas por los caminos del Páramo hacia el Tolima, buscando el río Magdalena, lo cual resultaba costoso; era necesario organizar otra ruta. La nueva vía lo encontraron después de colonizar el Risaralda:

La ruta empezaba con un camino de herradura que saliendo de Manizales seguía a Risaralda, San José, Viterbo y culminaba en la Virginia; después el café era transportado en vapores por el río Cauca hasta Cali y luego en ferrocarril a Buenaventura, para la exportación. Esta ruta había sido soñada y luego hecha realidad por los empresarios Francisco Jaramillo Ochoa y Carlos Eduardo Pinzón; de este modo Manizales se convirtió en la más importante plaza comercial de esta parte del país al lograr disponer de vías al Pacífico y al Atlántico.

Los hacendados Benicio Angel y Julio Castro impulsaron la ganadería sembrando los nuevos pastos Pará, Janeiro y Micay, además introdujeron la moda de construir cercos con alambre de púas el cual importaban directamente, descontinuando los de guadua rajada, postes de madera y palos redondos amarrados con bejucos, que eran los cercos tradicionales. Justiniano Mejía trajo reses de San Martín y la Ceja (en 1884); José María Mejía introdujo la raza Dorhan de Bogotá (1886) y José Francisco Jaramillo trajo ganado cruzado de Dorhan y Angús. Casi todos los hacendados de Manizales recibieron la ayuda del millonario don Lorenzo Jaramillo, de Sonsón, el cual les prestó dinero para tumbar el bosque y sembrar los nuevos pastos como pará, el india, el guinea, el yaraguá y el micay.

La región de Santa Agueda (Santágueda) fue colonizada por don Ignacio Villegas Echeverri y su hermano Federico los cuales, utilizando el trabajo de peones asalariados, organizaron una hacienda de 740 hectáreas en pasto para ganadería, después organizaron las fincas El Rosario, Playa Rica y Contaderos, para ganadería y caña de azúcar. 

Estos empresarios conformaron sólidas fortunas y luego se dedicaron al cultivo del café y al comercio de arriería.

En 1878 don Antonio Pinzón, venido de Santander y casado en Medellín con la señora Mercedes Posada, organizó en su finca El Aguila un cafetal de 10.000 arbustos considerado inmenso en la época. Este ejemplo, más las experiencias que se tenían en Cundinamarca, hizo pensar a la clase dirigente de Manizales en las posibilidades del café y se inició una política cultural desde los periódicos "La Serenata" (1878) y "Los Ecos del Ruiz" (1880), para comprometer en su cultivo a campesinos y hacendados.

Los hacendados preferían dedicarse a la ganadería o a la caña de azúcar que al café ya que este producto tenía "mala imagen"; por ejemplo el hombre más rico de Antioquia, Pepe Sierra, decía que el café era un "negocio de pobres" y esta posición había hecho carrera en el sur de Antioquia hasta Manizales.

Pero las alzas de los precios del café fueron un estímulo para su cultivo en muchas regiones del país y en Manizales. El precio del café colombiano en Nueva York se elevó de 10.6 centavos la libra en 1887 a 18.8 en 1893; esta coyuntura movió a muchos hacendados de Manizales a organizar haciendas cafeteras para lo cual utilizaron las ganancias obtenidas en la ganadería, caña de azúcar y arriería para montar haciendas de café. Para mediados de 1890, el café representaba mucho más de la mitad del valor total de las exportaciones colombianas y en los años picos de 1895 y 1896 el café significó cerca del 70 por ciento del valor total de las exportaciones.

Para esta época la colonización prácticamente había llegado a su fin; ya no había tierras para repartir y los colonos que inmigraban se debían emplear como peones en fincas y haciendas.

En esta etapa se formaron grandes haciendas de café en Manizales: La Manuela, de Pedro José Mejía J.; La China, de José Jesús Restrepo; La Fonda, de Pantaleón González; La Linda, de Roberto Gutiérrez Vélez; el Arenillo, de Carlos Pinzón y otras muchas.

Por otro lado los pequeños y medianos campesinos se dedicaron también a cultivar café organizando pequeños cafetales pero sin descuidar las otras unidades económicas como la roza y la sementera. De este modo la finca familiar se articulaba más al mercado asumiendo con mayor firmeza su papel autosuficiente.

Con base en la imprenta de don Alejandro y en otra que había pertenecido a don Rufino Gutiérrez y sus hermanos, se organizó de nuevo la imprenta de Manizales; la senda periodística se abrió además con la publicación de la "Serenata", en 1878, por don Alejo María Patiño. Pero en 1880 apareció el semanario "Los Ecos del Ruiz" cuyo subtítulo decía: "periódico literario, industrial y noticioso", dirigido por el periodista sonsoneño Federico Velásquez C.; este era un periódico más sólido, con ocho páginas, el cual salía los domingos a las siete de la mañana, y se encargaba de promover todas las actividades económicas entre ellas la industria.

Estos primeros periódicos fueron creando un ambiente no sólo para la prensa local y regional sino nacional; un buen número de manizaleños recibían por suscripción los siguientes periódicos, en 1880: El Agricultor, La Defensa, el Deber, La Linterna, La Lira de los Andes, La Mujer, El Repertorio Colombiano y otros muchos.

Pero además se creó el ambiente para los lectores de libros entre las capas medias y el pueblo; en este sentido, en el año 1881, existía la Biblioteca Ambulante, en el "Bazar Veracruz" donde alquilaban libros a medio real por tres días de préstamo.

El desarrollo agropecuario y comercial impulsó el sector industrial el cual avanzó en forma acelerada finalizando el siglo.

Para 1880 Manizales contaba con las siguientes empresas industriales según un artículo del señor Alejo María Patiño publicado en el periódico "Los Ecos del Ruiz".

- Diez ingenios de azúcar para sacar panela, movidos por fuerza hidráulica; pero además existían numerosos trapiches paneleros.

- Ocho tejares

- Una fábrica de licor

- Dos tenerías para curtir cueros

- Tres zapaterías con una amplia producción de zapatos

- Cuatro talabarterías

- Tres telares en los cuales se fabricaban cobijas y ruanas

- Varias minas de oro corrido, entre ellas las de "Olivares", "Manizales arriba", "Manzanares" y otras.

Pero además había un considerable número de artesanos: 70 carpinteros, 60 albañiles, 50 tejedores de sombreros, cuatro sastres y 35 oficiales, tres relojeros, nueve talabarteros y 30 oficiales, dos encuadernadores, seis zapateros y 14 oficiales, seis maestros de obra, dos joyeros, dos hojalateros y seis oficiales.

Para 1881 -no obstante que el patron metalico se utilizo en el pais hasta 1886- los sectores empresariales locales organizaron su propio banco, el Banco Industrial de Manizales, en cuya fundación participaron los más sólidos representantes de los sectores agropecuario y comercial, entre ellos: Alejandro Gutiérrez, Presidente; Rufino E. Murillo, Vicepresidente; Benicio Angel, Pedro Uribe Ruiz, Melitón Echeverri, Miguel Latorre, Sotero Vélez, Antonio María y Pedro Restrepo, Cástor María Jaramillo, Manuel María Grisales y Antonio Pinzón. Debido al éxito del banco surgieron otros que impulsaron notablemente el desarrollo económico del Manizales: el Banco Prendario (1891), para las personas de bajos recursos; y el Banco de Depósitos (1896), fundado por Lorenzo Jaramillo, de Sonsón, parra impulsar las actividades agropecuarias y el comercio.

Las costumbres del vestido fueron cambiando: en 1880 se popularizó el sombrero para las mujeres y lo usaban en paseos, visitas, teatro, fiestas, pero el clero no lo permitió en las iglesias, donde seguían yendo de pañolón, mantilla y rebozo. Se usaban bayetones y bayetas , driles, zarazas, géneros blancos, mantas, ruanas de paño y reinosas, lienzos, pañolones, cobijas, tartanes, pañuelos, cepillos para sombreros y para ropa, estuches de crochet, peinones de resorte, joyas de cellulloid, hilo, seda, lana negra, ramillete, sombreada, de arlequín, cadenas de reloj, santos de vitela, angeo, linones, medias finas para señoras y medias medias.

          

Joven bogotana (grabado de Riou,  en L´Amérique Equinoxiale,              Imágenes y recuerdos, Barcelona, de Edouard André, París    1978                                                                                                                 1978

En 1877 se abrió el Instituto del Porvenir por el educador José María Restrepo Maya, luego se llamó Colegio Santo Tomás de Aquino. Ejerció la docencia por 59 años en escuelas y colegios (geografía e historia) y elaboró globos terráqueos y planisferios con fines didácticos. Escribió "Apuntes para la Historia de Manizales" y organizó el Centro de Estudios Históricos de Manizales. otro educador: Jesús María Guingue fundó el Internado campestre. 

En 1880 las actividades sociales y culturales principales eran: se creó el "Club" que funcionaba con 2 salones de billar, tres mesas para tresillo, una para ajedrez, damas y dominó, un salón para lectura de periódicos, gallera y restaurante. Se realizaban exposiciones de objetos indígenas del sacerdote José J. Baena. Se llevaban a cabo conciertos de piano en la casa del señor Alejandro Gutiérrez y habia dos Bandas Musicales para el pueblo. Los espectáculos se presentaban en escuelas y algunas casas grandes usando los corredores y patios internos. 

En forma cotidiana se organizaban las corridas de toros en la plaza principal, pero el primer circo se construyó sólo en 1897, con el nombre de "Circo del Guayabo" por estar ubicado en el barrio del mismo nombre. Este circo fue inaugurado por el diestro español Antonio Pineda "Tornero".

En esta época la joven aldea avanzó en servicios de salud. Se contaba con dos hospitales, el de la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús y el Hospital Militar; para 1883 don Manuel María Grisales donó una faja de terreno para construir un hospital, en un momento clave cuando había siete médicos, cuatro dentistas, tres boticas y cinco botiquines. Con base en esta infraestructura evolucionó la medicina, estimulada por médicos eminentes como el doctor José Tomás Henao Jaramillo.

En 1881 el periódico Los Ecos del Ruiz dirigió una campaña de prevención por la amenaza de la viruela, esta terrible enfermedad. En el mes de agosto de este año la epidemia azotó la ciudad de Honda y otras poblaciones del Tolima, lo cual produjo pánico entre los manizaleños ya que se tenía intercambio comercial permanente con estas poblaciones.

Desde 1870 se incremento el índice de población y ni siquiera los fuertes temblores ocurridos después de 1875 frenaron su crecimiento; En febrero de 1878 hubo otro que causó leves daños pero produjo pánico. En noviembre del mismo año un nuevo temblor derribó la portada de la iglesia y afecto la torre principal, muchas casas se agrietaron otras cayeron. El 5 de noviembre de 1884, a media noche, un lento terremoto averió el frontis de la iglesia y hubo que demolerlo definitivamente. Sin embargo, hacia finales del siglo, en 1885, Manizales era una próspera ciudad y la comunidad había hecho grandes donaciones para la construcción del templo. Se le encarga, entonces, al arquitecto bogotano Mariano Santamaría la nueva iglesia. Para tal efecto se compra el órgano en Alemania, las verjas de hierro en Hamburgo y de París llega un maravilloso altar dorado.

Debido a los temblores que produjo un cambio en el sistema de construcción que consistía en edificar el primer piso en tapias y el segundo en madera, o se hacía la base da ladrillo y cal y sobre ella se levantaban tabiques dobles de madera revestidos de tablas o de guadua, estilo que se impuso y fue llamado "temblorero", pero este sistema convirtió a la ciudad en presa fácil de los incendios, como se demostró posteriormente, con las conflagraciones de julio de 1922, julio de 1925 y marzo de 1926.

Acerca de los temblores decía el viajero alemán Friedrich Von Schenck, lo siguiente:

"Los frecuentes y fuertes terremotos de los años 1875 y 1878 sólo interrumpieron momentáneamente el crecimiento de la ciudad. Apenas transcurridos algunos meses sin movimiento y calmadas ya las mentes, los refugiados, junto con nuevos inmigrantes, regresaron a la ciudad, en cuyas esquinas aparecieron otra vez dedicados a sus labores los albañiles y carpinteros. El convencimiento de que en Manizales se podía hacer dinero, y el deseo de aprovechar esa oportunidad, dominaron en el aventurero antioqueño el bien fundado miedo ante el intranquilo volcán del Ruiz".

De este modo el pueblo siguió su marcha y los manizaleños recitaban los siguientes versos que se escuchaban en el sur de Antioquia:

Mi querida Manizales

Ilustre ciudad brillante.

Hija de unos limosneros

y creces como gigante!

Y estos otros versos donde se expresaba el deseo de luchar por la mayoría de edad:

 Opulenta Manizales,

Que cerca del Ruiz nació,

Cómo ha dejado en pañales

A Antioquia que el ser le dio!

Manizales, por su magnífica ubicación de paso obligado de la colonización hacia el sur, Pereira y Quindío, y hacia el oriente, Tolima, se convirtió en despensa agrícola y ganadera y en importante plaza comercial.

En 1885 surgió la Tertulia Literaria y se fundó la Sociedad Literaria que se reunía en las noches. Esa Sociedad fundó en 1886 el periódico La Primavera. De allí surgió la primera generación de intelectuales de Manizales. Cuatro novelas colombianas del siglo XIX fueron: María (Jorge Isaacs), Manuela (Eugenio Díaz), Frutos de mi tierra (Tomás Carrasquilla) y Los piratas en Cartagena (Soledad Acosta de Samper).

En 1881 llegó a Manizales el presbítero Gregorio Nacianceno Hoyos. Para el 26 de agosto de 1889 se colocó la primera piedra de lo que sería la primera Catedral, para el año siguiente, cuando el Papa León XIII, el 11 de abril creó la diócesis de Manizales. El 3 de marzo de 1901 fue inaugurada. Los feligreses iban a las celebraciones religiosas, y las liturgias se glorificaban por medio de cantos gregorianos.

Arce y Ceballos. Sagrada Familia

Algunos años después, en 1891, por gestiones del párroco de la Catedral, Gregorio Nacianceno Hoyos, llegaron a la ciudad varias religiosas de la comunidad de la Presentación, para el Hospital Municipal. Todos estos factores contribuyeron al desarrollo de la medicina a finales del siglo XIX.

Para tener una idea de la cantidad de habitantes de Antioquia, en el año de 1885 :

Nombre
 

Número de habitantes
 

Abejorral
Carmen
Ceja
Cocorná
Concepción
Guarne
Guatapé
Nare
Peñol
Retiro
Rionegro
San Carlos
Canoas
San Luis
San Rafael
Santa Bárbara
Santuario
San Vicente
Sonsón
Unión
Vahos (Granada)
8.136
3.301
3.871
2.093
5.310
5.410
5.641
331
4.081
5.785
11.809
2.212
444
727
1.025
6.034
3.462
5.728
13.935
3.243
4.050

Fuente: Manuel Uribe Ángel, Geografía general y compendio histórico del Estado de Antioquia en Colombia, París, Imprenta de Víctor Goupy y Jourdan, 1885, pág. 101.

Y una idea de los precios de los productos por esta epoca:

Año
 

Artículo
 

Cantidad
 

Valor (pesos)
 

Fuente
 

1884 Arroz 1 carga $ 18 Revista de mercado en El Trabajo,
Medellín, 1º. de noviembre de
1884, núm. 60.
1884 Cacao 1 carga $ 96 Revista de mercado, op. cit.
1884 Azúcar 1 carga $ 14 Ibíd.
1884 Tabaco 1 carga $ 50 Ibíd.
1884 Ganado de levante 1 $ 17 Ibíd.
1884 Ganado gordo 1 $ 54 Ibíd.
1871 Mula 1 $ 80 Camino carretero / / en El Heraldo,
Medellín, 1871, núm. 129.
1871 Trapiche 1 $ 800 Noticia importante / / en
El Heraldo, Medellín, 1871,
núm. 116.
1886 Monto del Remate
de las rentas de
licores en:
Concepción
Guatapé
   

$ 2.005
$ 800
 

 


Boletín Oficial, Medellín, 9 y 14
de enero de 1886.

Contexto Politico y Economico Nacional:

Contra el federalismo y las libertades absolutas del Radicalismo, se enfrentó el Movimiento de la Regeneración en las dos últimas décadas del siglo XIX, que unió a los conservadores y a los liberales moderados alrededor de las ideas del "orden y el progreso" en búsqueda del bienestar y del desarrollo. El período denominado como la Regeneración es uno de los más controvertidos en la historia nacional, tanto por el régimen político que estableció, como por su manejo económico. 

La política de la Regeneración se plasmó en un proyecto económico, en un proyecto administrativo que a nombre del orden consolidó la represión, y en la utilización de la ideología y la reorganización de los aparatos ideológicos del Estado, que fueron entregados a la Iglesia Católica para su manipulación. Se caracterizó por la infuncionalidad del Estado Federal y por el caos, sin embargo, no cabe duda de que durante estos años se gestaron cambios trascendentales:

En la estructura educativa (Bogotá fue llamada entonces la Atenas Suramericana por el polígloto español Marcelino Menéndez y Pelayo), política y económica del país; por un lado, se dictó la Constitución de 1886 -vigente hasta 1991- y por otro, se dio la inserción de Colombia en la economía mundial, a través de las exportaciones cafeteras. Se afirma que la política de fomento de las exportaciones agrícolas (tabaco, quina), dio resultados muy fugaces. Que aumentó sin duda la capacidad de consumo de las altas clases sociales en términos de importaciones de artículos suntuarios, pero no contribuyó a mejorar la capacidad económica del país dirigiendo la inversión hacia necesidades básicas, como el mejoramiento del sistema de transporte o la adquisición de equipos manufactureros. La política de libre importación y de bajas tarifas de aduana desmejoró notablemente la posición del grupo artesanal, muy numeroso en la segunda mitad del siglo XIX y causó la decadencia de la tradicional industria textil de origen colonial que el país había reservado en medio de grandes dificultades, pero que finalmente sucumbió ante la competencia de los productos industriales ingleses baratos y de mejor calidad. También la liberalidad de la política de tierras baldías, el fracaso de la desamortización de bienes de manos muertas y la comercialización de las tierras indígenas de resguardo, aún contra las intenciones de sus gestores, tuvo como resultado el esfuerzo del latifundio y el deterioro de la población rural. Finalmente, el federalismo, la conducción de las relaciones entre la Iglesia y el Estado y el liberalismo político expresado en las normas constitucionales, causaron las divisiones y conflictos que dieron al período su inestabilidad social y política.

En la zona de colonización antioqueña, que en estas épocas continuaba expandiendo con vigor la frontera agrícola en la cordillera Central, y en Santander, el régimen de propiedad daba campo para la existencia de grandes propietarios con un extenso grupo de pequeños y medianos agricultores. El grupo terrateniente, que compartía con los comerciantes y financistas la preponderancia económica y social, había adquirido nuevos miembros en los años recientes, por la política oficial de distribución de baldíos, por el remate de tierras eclesiásticas y por las transacciones provocadas por la inseguridad política y las guerras civiles, que permitieron a muchos comerciantes urbanos situar parte de sus capitales en el campo. 

Terratenientes, comerciantes y miembros de profesiones liberales como el derecho y la medicina dominaban la política nacional, en la que la participación de las clases bajas se reducía a ser víctimas del reclutamiento forzoso durante las guerras civiles a las que iban a luchar en nombre de uno u otro de los grandes partidos, en cuya orientación, sin embargo, no tenían ninguna influencia. Una reducida clase media urbana, compuesta por artesanos y pequeños comerciantes, adquiría a veces importancia política cuando alguno de los partidos trataba de captar sus votos o de utilizar su carácter turbulento y vocinglero para promover manifestaciones o desórdenes urbanos.

Hacia 1880 estaba adquiriendo prominencia un nuevo tipo de empresario rural y urbano más ilustrado que el terrateniente tradicional, partidario del progreso técnico, dispuesto a ensayar nuevos cultivos y nuevas formas de actividad productiva. Vinculados a la política, estos empresarios parecían dar mucho más importancia a la apertura de haciendas, la formación de bancos, el desarrollo de las vías de comunicación, la siembra de café, que a la satisfacción de ambiciones de empleo a costa del presupuesto nacional. Es posible que el sector de comerciantes liberales que adquirió tierras a consecuencia de las grandes reformas de mediados de siglo haya tenido que ver con la expansión de esta nueva mentalidad empresarial, pero ideas similares se extendieron entre los propietarios conservadores antioqueños o fueron promovidas por algunas de las familias de inmigrantes recién llegadas al país.

Las emisiones cuantiosas de papel moneda para atender los gastos de las guerras civiles, introdujeron la inflación como tendencia económica en las décadas de transición entre los siglos XIX y XX. La inflación encareció las importaciones y estimuló la especulación, la cual favoreció a los comerciantes.  En 1886 se delegó en el Banco Nacional, una entidad de carácter estatal, la función de emitir la moneda legal colombiana, con exclusión de otras entidades públicas o privadas. A partir de ese año y hasta finales del siglo XIX, alrededor de esta institución giró el sistema monetario del país.

Rafael Núñez (quien consiguió el reconocimiento de la independencia de Colombia por España en 1880) sustituyó la constitución de Rionegro por la Constitución de 1886, la cual fue redactada por Rafael Núñez -liberal- y el conservador Miguel Antonio Caro,  caracterizado por su rígido centralismo.

Mediante esta Constitucion, se estableció el principio de la centralización política y la descentralización administrativa; se suprimieron los estados federales y aparecieron los Departamentos, regidos por gobernantes nombrados por el ejecutivo nacional. Se conservó la división del poder en los tres ramos: ejecutivo, legislativo y judicial. El período presidencial se extendió a seis años; el poder legislativo se organizó con dos cámaras; senadores y representantes; el poder judicial se organizó con una Corte Suprema compuesta de jueces vitalicios, durante su buen manejo. Se establecieron las buenas relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado Colombiano; se ordenó que la educación pública debe ser organizada y dirigida en concordancia con la religión católica

La limitación de los derechos individuales y el sistema electoral destinado a conservar el poder en manos de una restringida clase dirigente, reflejaba sin duda el predominio de las ideas del partido conservador en su redacción. Pero su adopción indicaba hasta qué punto la sociedad colombiana seguía siendo tradicionalista, rígidamente jerarquizada y autoritaria y cómo la clase dirigente colombiana seguía alejada de una concepción liberal y democrática del Estado, pese al aparente liberalismo del período posterior a 1863.

La Constitución restableció la pena de muerte y abrió el camino para la censura de prensa. Concedió a todos los ciudadanos el derecho a elegir corporaciones departamentales y municipales, pero restringió el voto para representantes a quienes tuvieran determinada propiedad o renta anual o supieran leer y escribir. Estos mismos votantes calificados escogían “electores”, uno por cada mil habitantes, que luego elegían Presidente y Vicepresidente de la República para un período de 6 años.  Se unificaba la legislación para todo el país y se establecían mecanismos intervencionistas, que dejaban de lado la antigua concepción liberal, para que el Estado contara con herramientas legales para intervenir en la vida económica y regular el ejercicio de la propiedad, en aras del “bien común”. 

Claro está que lo que se manifestaba como asunto técnico, de “descentralización administrativa”, tenía un hondo contenido político pues era el asentamiento de un poder central, expresión del “interés general”, encarnado en la clase dominante para mejor regular las condiciones de explotación de las masas populares e imponerse, en aras de ese interés general, sobre los intereses parciales de las oligarquías regionales o de las fracciones de clase. Por esa razón y para poder mantener ese propósito, era necesaria una fuerza representativa que garantizara la Constitución. De allí la centralización del poder armado, la supresión de los ejércitos regionales y la creación de un ejército y de una política nacional. 

Si en el período federal las revueltas tenían un ámbito regional, durante la Regeneración el desarrollo del poder central amplió los conflictos al ámbito nacional. En el período se reafirma la divisa del escudo nacional: “Libertad y orden"

A la ideología religiosa se le asignó el papel de amalgama para solidificar el proyecto económico y el administrativo de represión. Si la Constitución de 1863 se dictó en nombre del pueblo, los constituyentes de 1886 se erigieron en voceros de Dios, “fuente suprema de toda autoridad”, en cuyo nombre fue dictado el estatuto constitucional. Núñez era un escéptico religioso, que durante su larga estadía burocrática en Europa, había comprendido la función que podía jugar la manipulación de la ideología religiosa para la preservación del statu quo entre las masas. Como hábil político captó también que en el país había dos fuerzas organizadas en las que podía basar su proyecto administrativo de denominación: el ejército y el clero, y en ellos se apoyó. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado se regularon por el Concordato de 1887, adicionado en 1891, y a la Iglesia se le otorgó inmenso poder. De nuevo se puso en sus manos el destino civil de las personas y a ella quedó encomendado el registro de nacimientos, matrimonio y muertes. Las cementerios quedaron bajo su control, el divorcio se suprimió y el matrimonio civil se dificultó y se convirtió en elemento de escarnio para quienes lo contrajeron. Se autorizó de nuevo la constitución de órdenes religiosas dentro del territorio nacional y a ellas se confirió la educación.

Sobre la educación se estableció en el concordato: “Artículo 12. En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá de conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica. La enseñanza religiosa será obligatoria en tales centros, y se observarán en ellos las prácticas piadosas de la religión Católica”. El artículo 13 después de reglamentar lo relacionado con la educación religiosa en los centros de educación del país, estableció: “el gobierno impedirá que en el desempeño de asignaturas literarias, científicas y, en general, de todos los ramos de la instrucción, se propaguen ideas contrarias al dogma católico y al respeto y veneración debidos a la Iglesia”. Para salvar la conciencia y preservar la bolsa de quienes —liberales o conservadores—, habían rematado los bienes eclesiásticos, el gobierno asumió la deuda y el Concordato estableció en su artículo 22 la obligación, por parte del Tesoro Nacional, de reconocer a perpetuidad en forma de deuda consolidada el valor de los bienes desamortizados y sus intereses.

Una vez en manos de la Iglesia el aparato de educación y arreglados los asuntos económicos de expropiación, bajo la hegemonía doctrinaria y política de la Iglesia, el “problema religioso” desapareció y el país quedó adecuado para enfrentar los problemas propios del siglo XX.

Si el período regeneracionista empezó como período liberal (de 1882 a 1884) acabó siendo rechazado por la clase dirigente:

La Constitución fracasó como base de ese acuerdo, al excluir a un importante sector de la clase dirigente de toda posibilidad de participar en la dirección del Estado y al ser utilizada por los conservadores e independientes como un mecanismo que permitiría mantener indefinidamente el poder en sus manos, y en particular el control de un estado cuya función tradicional de dispensador de cargos públicos y prebendas no era fácil de descartar. A pesar de que un consenso acerca de problemas como el de las relaciones con la iglesia, la centralización política del país y el fortalecimiento del poder público era entonces posible, la forma exasperada como se incluyeron estos asuntos en la Constitución, así como el uso represivo de los poderes públicos, fueron colocando poco a poco a todo el liberalismo en la oposición, y llevaron a una creciente polarización ideológica y emocional de los dos partidos. A finales del siglo XIX, el hombre colombiano nacía vinculado por tradición familiar a uno de los partidos políticos: al conservador o al liberal, circunstancia que llevó a la ideologización política de los colombianos. El fanatismo se recrudeció en los años de transición entre los siglos XIX y XX, cuando los colombianos se enfrentaron en la Guerra de los Mil Días, que fue el enfrentamiento de dos repúblicas políticas la conservadora y la liberal y de dos estilos de vida y de pensamiento.

Además, el hecho de que la oposición liberal quedará en la práctica sin posibilidades de ganar por medios electorales el poder, convertía la guerra civil en una tentación permanente. Y si se lograba una aparente unanimidad en los diversos órganos del Estado, esto era a costa de una tendencia continua del partido de gobierno a dividirse, y estas divisiones se prestaban a complejas maniobras políticas en las que se ofrecía a los liberales la plenitud de derechos políticos o se alentaban sus actividades. Los liberales más moderados, los pacifistas, se llenaban entonces de esperanzas: pronto se reformarían los sistemas que los excluían; pero el fracaso de tales maniobras enardecía a los más belicistas, que no veían otro camino que la guerra civil para recuperar algún peso dentro del sistema político colombiano. Las dos guerras de 1895 (rebelion comenzada en enero,  había sido ya debelada para marzo) y de 1899-1902 (Guerra de los 1000 dias) dieron testimonio de que la Constitución de 1886 no había logrado establecer reglas de juego aceptables para toda la clase dirigente del país.

En la hegemonía de la Regeneración en las últimas décadas del siglo XIX hay que destacar los períodos presidenciales del Dr. Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Manuel Antonio Sanclemente, José Manuel Marroquín y otros en su condición de Designados o Vicepresidentes. (en orden sucesivo en las siguientes fotografias):

         

En las últimas décadas del siglo XIX, se produjo un auge significativo en la construcción de obras públicas, principalmente de carreteras y ferrocarriles. Fueron los años de la Economía de Transición, de una época de inestabilidad política, cuando Colombia se preparaba para entrar en la revolución industrial y tecnológica del siglo XX.

 

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