La Guerra de los 1.000 dias
1899-1902
Fue la última
de Colombia en el siglo XIX y la más larga y más sangrienta. Se originó por la
oposición del Liberalismo al gobierno conservador de la Regeneración y a la
búsqueda de una reforma a la Constitución de 1886 considerada autoritaria. Los
jefes liberales fueron los generales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera; y
los conservadores, los generales Próspero Pinzón, Ramón González Valencia, Pedro
Nel Ospina y otros, quienes defendieron el gobierno del Presidente Manuel
Antonio San Clemente y del vicepresidente José Manuel Marroquín. La guerra tuvo
su principal escenario en Santander pero se extendió a todo el país. Sus
principales batallas fueron las de Peralonso y Palo Negro; esta última duró 15
días en un enfrentamiento entre las fuerzas liberales con 8.000 soldados y el
ejército conservador con 18.000 hombres. Esta batalla culminó con el triunfo de
las fuerzas del gobierno comandadas por el general Próspero Pinzón. Después de
los tratados de Neerlandia y Wisconsin en 1902 se alcanzó la paz para Colombia
en los albores del siglo XX..Las cifras de bajas de la
guerra han girado alrededor de los 100.000 muertos

Antecedentes
Muerte de Núñez
El
proyecto político de Núñez buscaba en esencia el orden del país y esperaba, para
lograrlo, centralizar el poder público, fortalecer los poderes del ejecutivo,
apoyar a la Iglesia Católica y utilizar la religión como fuerza educativa y de
control social.
En las
elecciones de 1898 llegó a la presidencia Manuel Antonio Sanclemente, con José
Manuel Marroquín como vicepresidente. Esta fórmula, propuesta por los
nacionalistas, buscaba que Caro siguiera manejando los destinos del país, habida
cuenta de un rápido deterioro de la salud del octogenario presidente Sanclemente
y la apatía por el poder del vicepresidente literato. No obstante, y para
sorpresa de todos, Sanclemente mostró una salud inmejorable y Marroquín un
marcado interés por el poder, que condujo a nacionalistas e históricos a
enfrentarse.
Marroquín, inicialmente en el poder, se mostró complaciente con los históricos,
ante lo cual los nacionalistas hicieron que Sanclemente asumiera el control, y
éste, a su vez, lo dejó en manos de su Ministro de Gobierno.
Muchas
tendencias de libre pensamiento se agruparon bajo el liberalismo y produjeron un
fenómeno de solidaridad entre las clases dirigentes de Centro y Suramérica, que
provocó el surgimiento, según palabras del historiador Carlos Eduardo Jaramillo,
de una Internacional Liberal que permitió a los liberales de toda América "ser
'intercambiables', vivir en cualquier país y operar política y profesionalmente
en él".
Así, el
presidente ecuatoriano Eloy Alfaro fue, durante su estancia en el poder, el más
decidido y entusiasta defensor de la causa liberal colombiana, el cual mantuvo
su ayuda sin distingo de triunfo y derrota. Sin embargo, ésta jamás fue la
pactada originalmente, ni llegó a tiempo.
Cipriano
Castro, presidente de Venezuela, prestó su ayuda como resultado de una
retaliación del gobierno conservador que había apoyado a sus opositores y no
como el cumplimiento de sus promesas, que dependieron directamente del triunfo
de los liberales; José Santos Zelaya, de Nicaragua, dilató sus compromisos y
ayudas al compás de los resultados liberales y el guatemalteco José Reina Barros
no pudo cumplirle a Uribe Uribe con un lote importante de armas, debido a su
pronta salida del gobierno. El general liberal quedó, entonces, a merced de su
sucesor, Manuel Estrada Cabrera, quien supo utilizar la situación en provecho
propio y finalmente no ayudó a los colombianos.
Por otra parte, Colombia
estuvo internacionalmente en el ojo del huracán ya que la construcción de un
canal transoceánico en su territorio la convirtió en un lugar estratégico.
Estados Unidos y Francia, países interesados en este proyecto, estuvieron más
solícitos con el gobierno sin perder de vista la gran posibilidad que ofrecía el
conflicto, la venta de armas y la posesión del canal.
Estalla la guerra: "O nos dais la libertad o nos la
tomamos". General Rafael Uribe Uribe
La guerra estalló
el 17 de octubre de 1899,
cuando los pacifistas del partido liberal no pudieron contener la furia armada
de las juventudes. Hasta el último momento, el Olimpo Radical procuró detener
una guerra para la cual el liberalismo no estaba preparado. Prueba de ello es el
llamado 'telegrama mortal', que se distribuyó a última hora a las regiones y en
el cual la Dirección Liberal solicitaba a los caudillos locales no atender el
llamado al conflicto.
Así, estalló el conflicto más largo, complejo y sangriento
de toda nuestra historia. Ningún colombiano estuvo a salvo y todos de una manera
u otra hicieron parte de la guerra.

Los que luchan
Los guerrilleros (liberales)
Cuando el liberalismo declaró la guerra, creía que iba a
librar una batalla entre grandes ejércitos "movimiento de tropas bajo el mando
de sus más connotados jefes políticos y caudillos militares, con despliegue de
banderas, uniformes y acordes marciales". No obstante, la falta de preparación y
la precariedad de armas y pertrechos produjo una lucha de guerrillas en
prácticamente todo el territorio.
La
estrategia de los liberales estaba afincada en la creación de un gran ejército
en Santander, ya que esta era, por excelencia, una región liberal limítrofe con
Venezuela, a través de la cual se esperaban traer armas de los gobiernos vecinos
con la anuencia de su presidente Cipriano Castro y cuya ubicación geográfica les
permitiría tomarse el río Magdalena y de ahí entrar por Honda o Boyacá a la
capital de la República.
La
mujer, sin distingos de clase, participó en la guerra tanto en el apoyo
logístico como en el combate. Sirvió de mensajera y para esto conformó redes de
informantes en todo el país; se encargó de la preservación de alimentos y la
preparación de la comida. Fue, además, responsable de suministrar armas, pues el
conocimiento anticipado que tuvo el gobierno de la fecha de inicio de la guerra,
imposibilitó la salida de arsenales para los distintos grupos de combates. Así,
los pertrechos fueron llegando posteriormente, entre otras cosas, gracias a la
efectiva labor femenina.
En el
campo de la medicina su participación no fue menos importante, pues el carácter
trashumante que le dieron las agrupaciones guerrilleras a la lucha, no permitió
a los liberales establecer centros hospitalarios, y fueron las mujeres,
entonces, las encargadas de montar un sistema de salud a partir de ranchos
campesinos en donde curaron la fiebre y las heridas a punta de recetas caseras y
plantas medicinales en su gran mayoría. Las mujeres de la ciudad apoyaron esta
tarea con la consecución de distintas drogas.
Sin
embargo, la presencia femenina no sólo tuvo que ver el espíritu patriótico,
muchas marcharon con las tropas con fines eminentemente prácticos como el
comercio de besos y baratijas. Se inmortalizaron las Juanas y las Chonas o
Rabonas, que surgieron en las guerras civiles como resultado de la promiscuidad
de los ejércitos.
Los
niños

Participaron en el conflicto por fidelidades de compadrazgo, por fines
económicos y en últimas porque la guerra les llegó a sus tierras. Actuaron, como
la gran mayoría de la población, en labores de apoyo o en unidades combativas.
Así, los indígenas del Tolima supieron de manera
inteligente servir a los dos bandos, sin estar comprometidos con ninguno, ya que
tenían claro que tanto rojos como azules veían del mismo color al indio.
En La Guajira,
por el contrario, los indígenas se comprometieron pero su fidelidad era "más un
negocio y una transacción económica que una actitud partidista". De esta manera
el legendario cacique José Dolores, dejó a un lado el pacto celebrado con Uribe
Uribe, para hacer parte de las fuerzas conservadoras en nombre del parentesco
que tenía con el general Iguarán.
En el centro del gran Cauca estaba la etnia Paez, ubicada en la estratégica
región de Tierradentro, desde la cual se podían mantener amenazadas las ciudades
de Cali, Buga, Popayán y Neiva. Los paeces, que en su gran mayoría apoyaron al
liberalismo organizados en grupos llamados montoneras, hicieron parte de la
contienda militar en grupos conformados también por blancos y negros.
En Panamá los Cholos, al mando de Victoriano Lorenzo, apoyaron a los generales
liberales y en un momento dado se constituyeron en la única fuerza activa del
liberalismo. No obstante, nunca se mezclaron con los otros grupos de combate.
La
Iglesia
El
púlpito fue entonces la mejor arma de reclutamiento, y clérigos como el obispo
Ezequiel Moreno Díaz envió a la guerra a convencidos y devotos católicos con la
única misión celestial de exterminar rojos.
No
obstante, no todo el clérigo fue radicalmente conservador, por ejemplo, el
arzobispo de Bogotá, Bernardo Herrera Restrepo, mantuvo una posición de
neutralidad ante el conflicto, e incluso, hizo parte del primer intento de paz,
promovido por el gobierno ecuatoriano.
Los
resonantes argumentos políticos y sociales con que los dirigentes de ambos
bandos embarcaron a Colombia en el conflicto sólo fueron entendidos por ellos
mismos. El pueblo luchó por otras razones y así, mientras los conservadores
conseguían el cielo matando liberales, éstos últimos luchaban en nombre de la
Restauración, sin saber que significaba, pero asimilándola a una lucha por el
poder.
Entre
la guerra y la paz
Cuando
estalló la guerra, el 17 de octubre de 1899, la paz ya había dividido al partido
liberal entre el Olimpo Radical, que procuró detener el conflicto y sus
promotores, los belicistas.
En Santander se replegó la mayor parte de los contingentes liberales con el
ánimo de librar la lucha de ejércitos con la que el liberalismo pensó ganar la
guerra. Poblaciones santandereanas como Bucaramanga y Pamplona, entre otras,
fueron zonas estratégicas de encuentros en donde las filas rojas se prepararon
para las batallas.
En la
batalla realizada el 24 de octubre de 1899 en el sitio denominado la Gamarra,
sobre el río Magdalena, el ejército gobiernista derrotó a los liberales en el
combate fluvial de Los Obispos. Este hecho determinó la crueldad con que el
conflicto se iría a desarrollar en el interior del país, ya que los liberales
perdieron, tempranamente, la posibilidad enviar provisiones a los departamentos
de Boyacá, Tolima y Cundinamarca a través del río Magdalena.
En esta
batalla se inmortalizó el general Uribe Uribe, al tomar en una arriesgada acción
el puente de La Laja sobre el río Peralonso y abrir una brecha entre las líneas
enemigas. "La pérdida del puente y el paso franco al otro lado del río parece
como si le hubiese cortado la yugular al ejército conservador, pues éste se
desploma iniciando a poco su retirada, que más delante se torna en desbandada".
De
manera paralela y gracias a las gestiones del presidente ecuatoriano Eloy Alfaro,
el Olimpo Radical y la Iglesia entraron en conversaciones para conformar una
comisión que tenía como objetivo negociar con el gobierno condiciones honrosas
para los liberales combatientes y convencer a los belicistas, ubicados en
Santander, de dejar las armas e iniciar el diálogo. Sin embargo, los
comisionados no encontraron en el gobierno un ambiente propicio para la paz.
Los
liberales por su parte, que habían estado esquivos al tema de la paz, pues
consideraban deshonroso llegar a un acuerdo con un ejército derrotado, buscaron
negociar después de la victoria de Peralonso. El general Uribe Uribe,
consolidado como héroe y máxima figura de su partido, buscó un acercamiento con
el gobierno, que fue rechazado de manera categórica.
La tercera posibilidad de paz sería irónicamente la estocada final que le dio
impulso a la guerra. El golpe de estado que el 31 de julio de 1900, llevó al
poder a Marroquín apoyado por los históricos, acabó exacerbado los ánimos, pues
para su realización se contó con el beneplácito del Olimpo Radical, que apoyó la
causa a nombre de una convenio que nunca se cumplió. Para sorpresa de los
liberales, Marroquín acabó no sólo apoyando la línea dura de los nacionalistas
sino que cerró toda posibilidad de paz.
Es importante recordar que
esta zona fue por excelencia el escenario de la lucha irregular; allí se
organizaron y lucharon los más temidos guerrilleros, quienes con el paso del
tiempo se convirtieron en bandoleros. A diferencia de las otras regiones de
país, la sangre corrió con más intensidad durante todo el conflicto y se podría
decir que en los años 1901 y 1902, el gobierno luchó de manera encarnizada
contra estas guerrillas, consideradas el foco del conflicto. En el interior del
país la guerra no dio tregua e incluso después de la paz, algunos conservadores
como Aristides Fernández hicieron gala de su poder al erradicar sin piedad a los
liberales.
Los
liberales del departamento del Cauca comenzaron a luchar desde octubre de 1899 y
a pesar de que el apoyo del presidente Alfaro fue mucho menor al pactado con el
general Uribe Uribe, los grupos guerrilleros iniciaron la guerra.
La
participación de hombres ecuatorianos en el conflicto (la columna Alfaro) fue
calificada por los conservadores como una acción de agresión internacional. No
obstante, el presidente Alfaro no se dejó intimidar y siguió apoyando
tímidamente a los liberales.
"Rosas
da inicio a su actividad bélica, que el 19 de agosto lo conduciría al triunfo de
Córdoba y el 20 a la derrota de Puerres, donde herido y hecho prisionero por las
fuerzas del general Gustavo Guerrero, es luego asesinado en su cama". La muerte
de Rosas cerró las acciones liberales al sur del país.
En Panamá, el desarrollo del
conflicto estuvo mediado por el apoyo que los liberales recibieron tanto de los
gobiernos de Nicaragua y Ecuador, como de los Cholos dirigidos por Victoriano
Lorenzo.
En un comienzo los liberales se entregaron sin luchar y a la postre firmaron la
paz estando victoriosos
A comienzos de 1902 la
guerra adquirió un nuevo giro por la invasión a Panamá dirigida por el general
Benjamín Herrera, que logró algunos triunfos amenazantes, pero condujo a la
intervención norteamericana en el conflicto: el gobierno solicitó y obtuvo el
desembarco de la infantería de marina de los Estados Unidos en Panamá, lo que
inmovilizó a Herrera.
Como en ese momento se negociaba un tratado con aquel país para la concesión de derechos para la apertura del canal, la tentación de vincular a los norteamericanos al conflicto era muy grande y tanto el gobierno como los liberales intentaron obtener el apoyo de los Estados Unidos sugiriendo que a cambio de él les concederían un tratado ventajoso.
En esas condiciones Uribe Uribe, perdida toda fe en el triunfo, firmó un tratado de paz con el gobierno que consignaba una garantía de amnistía para los liberales. Poco después, en noviembre de 1902 y a bordo del buque norteamericano Wisconsin, en el cual entablaron conversaciones Victor M. Salazar y Alfredo Vásquez Cobo, conservadores; Lucas Caballero y Eusebio Morales, liberales y Nicolás Perdomo, Benjamín Herrera firmó el tratado definitivo con el cual concluyó la última de las guerras civiles tradicionales de la historia colombiana.

Información de contacto: misraicespaisas@yahoo.com