Historia, Cultura y Datos Genealogicos de varias familias de Antioquia y el Viejo Caldas en Colombia

 

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Colonizacion de Morrogacho (Manizales)

Comisión Corografica, Acuarela de Henry Price, Nevados de Herveo, Ruiz, Tolima y Santa Isabel, 1852.

Cuando los colonos observaban desde Neira el espinazo de la cordillera donde hoy se encuentra el alto de Chipre, veían la forma de un "morro gacho"; por eso fue el primer nombre que tuvo la región. El más importante explorador de las tierras del sur fue Fermín López Buitrago (1780 - 1846), nacido en Ríonegro: no fue el fundador de Manizales, pero sí el primero en pisar estas tierras. Aunque llegó aquí por equivocación, en 1834 o en 1837 según algunos otros, lo que en realidad lo trajo fue la esperanza de encontrar un territorio libre para ser poblado. "En el siglo XVIII estos valles, selvas y lugares inhóspitos, baldíos, no tenían dueño conocido. Con la Conquista pasaron a ser propiedad de la corona española, por lo que recibieron el nombre de realengas", escribe Javier Ocampo López, miembro de Número de las Academias Colombianas de Historia y de la Lengua, en "Manizales 150 Años". Explica que cuando a un particular se le entregaba una de estas demarcaciones, se hacía por medio de una concesión, con el compromiso de que fuera explotada con fines económicos.

González Salazar, Aranzazu, Villegas y Burila fueron unas de esas concesiones. De la primera, salió don Fermín con el deseo de hallar un nuevo sitio donde ubicarse con su familia y con la de José Hurtado. Llegaron hasta el Morro de San Cancio "en unión con los peones, los cuales transportaban los niños menores en silletas a la espalda, al tiempo que abrían camino por la enmarañada montaña, seguidos por las vacas que ayudaban a trillar el camino y por los bueyes que transportaban los enseres, los cerdos y las gallinas", cuenta el historiador Albeiro Valencia Llano, en su libro: Vida Cotidiana y Desarrollo Regional en la Colonización Antioqueña.

En esta expedición "los colonos que lo siguieron, descuajaron montes, construyeron casas para sus familias, plantaron maíz y demás productos para su sustento durante tres años, en las tierras donde años después fue fundada Manizales", narra Ocampo López. Don Fermín, al darse cuenta que permanecía en la comarca de la compañía González Salazar, recogió sus utensilos y junto con su familia y amigos se devolvió para Salamina, en donde se enteró del error que había cometido al confundir el río Guacaica con el río Chinchiná.

"Bien pudiera haberse quedado allí Fermín López con la esperanza de que su paradero no sería descubierto, o de que se le cedería el terreno que había ocupado, pero este hombre honrado se hizo la reflexión siguiente: 'Estoy dentro de los terrenos que he prometido abandonar, y ante todo debo cumplir mi palabra'", escribe Valencia Llano, citando al escritor José María Restrepo Maya.

Sin embargo, el error no fue impedimento para continuar con la colonización. Emprendió camino hacia el sur, ruta donde encontró a Cartago, hoy Pereira, y a Santa Rosa de Cabal, municipio que fundó y que bautizó con ese nombre porque el 30 de agosto de 1843 era el día de la patrona de América: Santa Rosa de Lima.

La dirección escogida fue intencional, pues según Ocampo López, "la decadencia de la minería y la agricultura en Antioquia, el crecimiento demográfico de la población antioqueña y el estado miserable de grandes núcleos de población", lo llevaron a él y a sus compatriotas a emigrar hacia el sur. Tres años después de haber fundado a Santa Rosa de Cabal, don Fermín murió. La huella de su machete quedó marcada en el sitio conocido como Los Rastrojos, un lugar donde los fundadores de Manizales, no sólo encontraron vestigios de su presencia, sino el aliento suficiente para hacer posible la Colonización Antioqueña.

El Papel desempeñado por Fermín López reviste gran importancia porque tras sus huellas caminaron otras personas que viniendo de diferentes puntos de Antioquia se sumaron al torrente colonizador.

Desde 1846 los colonos vivían en Neira pero sus parcelas estaban localizadas en numerosas fincas de Morrogacho; aquí producían artículos de subsistencia (maíz, frijol, plátano, yuca, gallinas, cerdos) y compraban en Neira y Salamina la ropa y las herramientas de trabajo.

Por estos años los habitantes de Salamina y Neira tenían un complicado pleito con la empresa González-Salazar y Compañía que alegaba ser la propietaria de los terrenos que se extendían desde Salamina hasta el río Chinchiná; los colonos confundieron el río Guacaica (entre Neira y Manizales), con el Chinchiná y pensaron que si cruzaban aquél se salían del territorio pretendido por González-Salazar y Compañía.

Por estas razones los pobladores tomaron la determinación de fundar una población en Morrogacho; el 6 de julio de 1848 realizaron la llamada "Exploración de los Veinte" ya que estaba integrada por este número de personas propietarias de fincas, aunque también participaron algunos peones. La siguiente es la lista de estos exploradores considerados fundadores de la ciudad de Manizales:

Antonio María Arango

Joaquín Arango Restrepo

Victoriano Arango

Pedro Arango

José Pablo Arias

Silverio Buitrago

Antonio Ceballos

José María Correa

José Joaquín Echeverri

Nicolás Echeverri

Alejandro Echeverri

Estaban Escobar

Manuel María Grisales

Vicente Gil

Vicente Giraldo

Juan Antonio Gómez

Marcelino Palacio

José María Pavas

Antonio Quintero

Benito Rodríguez

La Expedición salió de Sancancio o Rastrojos y se dirigió a lo que hoy se llama La Enea y Tesorito, estaban dispuestos a realizar la población en La Enea, en una explanada que encontraron, rozaron el monte pero pensaron que este poblado quedaba por fuera del camino que de Neira conducía a Santa Rosa de Cabal y Cartago. Buscaron otro sitio en Las Minitas, en la margen derecha de la quebrada de Olivares, aquí rozaron el monte trazaron la plaza y las calles, pero también abandonaron el sitio por quedar por fuera del camino Neira-Santa Rosa de Cabal. De aquí marcharon hacia la cuchilla de El Carretero en el camino para La Elvira, pero encontraron el lomo de la cuchilla estrecho, poco sólido y falto de agua por lo que decidieron marchar hacia el punto donde hoy se encuentra la Plaza de Bolívar.

El terreno señalado estaba bien ubicado como cruce de caminos y desde el punto de vista militar, pero era la finca de Manuel María Grisales el cual entregó el terreno para la fundación del poblado y para la repartición de lotes a condición de que cada favorecido le pagara un peso sencillo por el solar que recibiera. Sobre esto escribió Grisales, años más tarde, que el compromiso lo cumplió solamente don Ignacio Londoño y agrega que "Perdí así todo mi trabajo de aperturas, desde el cementerio viejo hasta la catedral, debiendo tenerse en cuenta que en aquellos tiempos los víveres eran muy costosos, porque se traían a espalda desde Salamina y sudando la gota gorda, porque no había caminos"

No se sabe la fecha exacta de la fundación del poblado ya que no se hizo acta, además la fundación como tal duró varios días; pero de acuerdo con los protagonistas la fundación ocurrió el mes de septiembre de 1848. Durante este mes se limpió el terreno y se organizó la "roza de comunidad" o sea el cultivo de maíz y fríjol para alimentarse posteriormente mientras continuaban la "limpia" del terreno. A continuación se demarcó la plaza principal llamada Bolívar, se separó un lote para construir la iglesia y se repartieron los solares para los pobladores. Toda esta actividad fue dirigida por Marcelino Palacio, Manuel María Grisales, Joaquín, Antonio María y Victoriano Arango, Nicolás, Joaquín y Alejandro Echeverri, Antonio Ceballos, Vicente Gil y José María Osorio, los cuales deben ser considerados como los más importantes fundadores de Manizales.

Marcelino Palacio     Joaquin Arango

De Don Marcelino Palacio Restrepo dice el periodico la Patria: 

Nadie sabe con certeza cuándo nació este hombre de tez morena y cabello blanco, lo cierto es que reseñistas e historiadores le atribuyen la fundación de Manizales. Don Marcelino Palacio, nacido en Abejorral (Antioquia), fue un paisa entusiasta y promotor de cuanto podía hacer para que esta ciudad progresara, como lo cuenta el padre Fabo en su Historia de la Ciudad de Manizales. A este gamonal, como lo cataloga el historiador Guillermo Ceballos, paradójicamente se le deben los nombres de las quebradas Olivares y Manizales, y no el de la ciudad, pues según él, debía llamarse Palestina.

Cuenta Gabriel Arango Mejía que Palacio fue el primer antioqueño que visitó el Nevado del Ruiz viniendo de Neira, expedición que realizó antes de residir en aquel municipio con su esposa Mercedes Echeverry. "En el mes de julio de 1843, don Marcelino Palacio que entonces vivía en Arma, recibió una carta del señor E. Nicholls en que le convidaba para que viniese a acompañar al señor Carlos Deghendard, alemán empleado en la mina de Marmato y hombre de ciencia, a hacer una excursión al Páramo del Ruiz", narra el historiador Restrepo Maya. Don Marcelino accedió a la invitación y al viajar a Salamina no se encontró con Carlos Deghendard, sino con su hermano Guillermo, quien iba acompañado por don Ramón Henao y algunos peones que llevaban víveres para la expedición.

Palacio, después de llegar al nevado, dejó a sus compañeros, quienes se mostraban maravillados con el paisaje, y se dirigió a buscar minas de oro a finales del mismo año. Aquella excursión lo condujo a las quebradas Olivares y Manizales, la primera llamada así, porque en el terreno crecían dos árboles de Olivo; la segunda, porque en el suelo encontraron piedras de granito, conocidas como maní.

Según lo narra el padre Fabo, don Marcelino fue el más útil de los fundadores de Manizales, porque gracias a su espíritu entusiasta y progresista logró concretar la ordenanza para llamar a Manizales Parroquia o Municipio. A él también se le debe la instauración de la primera Plaza de Mercado, cuyos estantes se improvisaron sobre árboles que habían sido talados durante el proceso de fundación.

Se tuvieron en cuenta varios nombres para bautizar la nueva villa: Morrogacho, Guacaica, Palestina y Manizales; pero se impuso este último por la abundancia de la piedra maní que es una roca granítica de color gris, compuesta por mica, feldespato y cuarzo, muy abundante en los ríos de la región. Por la abundancia de esta piedra la gente decía que la zona era un gran manizal, región de muchos manizales.

Transcurridos estos hechos los fundadores se preocuparon por darle vida legal a la joven villa ya que los terrenos estaban siendo reclamados por la empresa González-Salazar y Compañía. En este sentido Marcelino Palacio quien ya se había enfrentado a esta empresa inició intensa campaña para dejar en claro la fundación de Manizales. Para ello habló con don Mariano Ospina Delgado, vecino de Salamina y Diputado de la Cámara Provincial de Antioquia para que presentara un proyecto de ordenanza que considerara la creación del distrito de Manizales. El proyecto se presentó el 16 de septiembre de 1849, el 1 de octubre se dictó la ordenanza de la fundación y el 12 del mismo mes fue sancionada por el gobernador, Jorge Gutiérrez de Lara.

Después de esta ordenanza fueron nombradas las primeras autoridades del municipio: Antonio Ceballos, primer Alcalde; Antonio María Arango, Juez y como Procurador, Joaquín Arango. Además se eligió el Cabildo (Concejo) el cual empezó funciones el primero de enero de 1850. Se iniciaba la administración municipal.

En estas condiciones el territorio conocido como Morrogacho se pobló rápidamente y en la medida que surgían guerra civiles, nuevos contingentes de campesinos sin tierra se vinculaban a la aventura colonizadora huyendo de los reclutamientos para los ejércitos y de los empréstitos forzosos para aprovisionar las tropas. Durante los años 1842 - 1848 la región de Morrogacho fue habitada por numerosos colonos que llegaban con sus familias y se situaron en la Linda, El Tablazo, El Guineo, Morrogacho (Chipre), Plano de Morrogacho (La Francia), Sancancio y La Enea.

Los colonos llegaban provistos de herramientas: barretones, azadones, palas, regatones, güinches (para rozar y desyerbar), calabozos (especie de machete curvo para rozar), hachas, serruchos de mano y largos para aserrar, limas para amolar, todos estos eran elementos fundamentales para colonizar. Pero además los bastimentos incluían mazorcas de maíz amarillo y de maíz capio, talegas con vainas de fríjol, semillas de papa, colinos de yuca, de arracacha y de plátano; en tarritos pequeños transportaban semillas de plantas medicinales y de algunas matas de adorno.

Pero mientras cultivaban la roza y la sementera, los colonos se alimentaban de carne de monte ya que abundaban venados, guaguas, gurres, conejos, cabras, pavas y dantas. Además las primeras familias dispusieron del ganado vacuno que estaba remontado en las llanuras al pie de la nieve del Nevado del Ruiz y que había pertenecido presumiblemente, a una comunidad religiosa de Mariquita.

De otro lado los colonos encontraron minas de aluvión en las quebradas y en los ríos, lo que les permitió disponer de recursos para comprar herramientas de trabajo, ropa y semillas, las cuales adquirirían en Salamina y Neira. La apertura de caminos de herradura como vías de comunicación, hizo aparecer los tambos y posadas a la orilla del camino, cada 3 leguas.

LA FINCA CAMPESINA

El secreto de la colonización como fenómeno de enorme fuerza social es la finca campesina de nivel medio en la cual cumplían las siguientes fases:

- El colono y su familia se enfrentaban al bosque:  cortaban bejucos y malezas y se construía el rancho de vara en tierra con guadua en forma de tejas largas, toldos de género, vigas con maquenques, techo con astillas y coca de palma de chonta. El agua era traida a la casa mediante canoas (descuaje de troncos y madera tumbada, amarrando estacones con bejucos atacorral). No faltaba la imagen de la Virgen María y la Cruz de Mayo en el patio y frente de la casa: "santa cruz de mayo, te llevo a mi fundo, para que nos libres, del pérfido mundo". Después se realizaba la "socola" que consistía en limpiar el terreno de malezas, bejucos y arbustos pequeños y luego se pasaba a la "derriba" que consistía en cortar los grandes árboles o a la  "pica de la arriada" (picar los árboles haciéndoles una hendidura con un hacha sin derribarlos, luego el árbol más grande se corta y tumba sobre los otros para que caigan todos). Por último, luego de devastar la selva ("la galga") se esperaba el verano para realizar "la quema": el fuego se convertía en un arma eficaz para transformar en ceniza el rastrojo y los troncos al tiempo que facilitaba la eliminación de avisperos, arañas y culebras y mantenía alejados a tigres y osos.  

- En el terreno preparado organizaban la roza,  unidad agrícola que se fundamenta en el maíz y en el fríjol, productos básicos de la alimentación diaria: la arepa para las tres comidas principales del día, los frijoles para la comida de la tarde, la mazamorra y el claro como sobremesa; y el sobrante, para alimentar gallinas y cerdos.El fríjol se secaba en su vaina, y cuando estaba tostado por el sol se desgranaba y almacenaba con un poco de cal en polvo para protegerlo de las plagas. El maíz se cogía cuando el grano endurecía sin estar totalmente seco, para salvarlo de plagas, aves y ardillas, luego se colgaba de los travesaños del techo, enturegado (dos mazorcas de maíz atadas por las hojas de sus capachos).

- En la siguiente fase el campesino cultiva la sementera,  o sea el cultivo de plátano, yuca y caña de azúcar, productos que contribuían notablemente a satisfacer las necesidades básicas de la familia y se convertían en punto de apoyo para la fundación del pueblo.

- Entre la señora y la abuela organizan la huerta,  en una parcela pequeña junto a la casa, cercada con latas de guadua, cañabrava o matas de fique. Las mujeres cultivaban hortalizas y condimentos: cebolla, tomate, col, repollo, ahuyama, vitoria, ají pajarito, cilantro y azafrán, el huerto medicinal: albahaca, apio, cidrón, hinojo, limoncillo, llantén, malva, manzanilla, paico y saúco.

- Al mismo tiempo se pone especial esmero en el gallinero ya que la gallina suerte de huevos y de carne, especialmente durante los primeros años de colonización (habia que cuidar el gallinero de las chuchas y zorras).

- La familia se dedica a cuidar los cerdos los cuales son alimentados con los sobrantes de la finca, convertidos en aguamasa.

- Esta fase culmina con la organización del trapiche panelero para moler la caña y satisfacer sus propias necesidades de miel y de panela.

Lo ideal para el campesino era lograr desarrollar en su finca todo el proceso anterior. De este modo se fue configurando la finca integral y autosuficiente la cual garantizaba el desarrollo de una familia numerosa, apegada a la tierra, que vendía productos en el mercado y compraba otros, que tenía casa en el pueblo y participaba de la vida social de la joven aldea.

La comida provenia de su propia finca:  la roza, la sementera, huevos, miel para calar plátanos, hacer caramelos, alfandoque, polveados, panela, y la carne de gallina o cerdo sólo se consumia en ocasiones especiales (sancocho).

Para el caso de Manizales nuestros colonos laboraban y mercadeaban los productos de la roza y de la sementera. Compraban: herramientas, ropas, yesqueros, perros, gallinas y cerdos. El maíz y el fríjol sobrantes se transformaban en aguamasa para engordar cerdos los cuales eran llamados la "alcancía del pobre" y contaban con mejor mercado: con la venta de los cerdos compraban herramientas, ropa y cubrían gastos de los partos.  También tenían demanda productos como la miel, la panela y las gallinas. Hacían guaquería para vender el oro de las guacas y adquirir herramientas de trabajo, ropa y víveres mientras lograban la primera cosecha. 

Mientras se formaba la finca familiar el trabajo en el hogar era apreciado por el hombre, ya que las labores domésticas permitían valorizar la parcela y capitalizar. En la pareja el enamorado era avaro en palabras y no muy expresivo en gestos. Casi no había mujer sin marido. Las viudas se volvían a casar al año y si tenían hijos mejor, para colonizar un pedazo del bosque o administrar una finca en calidad de agregado.

La Virgen María era la guía de la mujer le daba fortaleza espiritual y moral. El papel de la mujer no se limitaba al espacio doméstico (casa, gallinero, chiquero, jardín y huerta). El hombre la consideraba una verdadera compañera y apreciaba su trabajo. El amor llegaba con el tiempo y si no no importaba: el matrimonio era la adquisisión de una identidad social y no una fuente de felicidad afectiva.

La niña aprendía que administrar una casa en el campo incluía esposo, hijos y peones para alimentar, la finca era su escuela y aprendían con su madre y abuela.  La abuela era bien apreciada y acatada, transmitía las tradiciones familiares, los saberes antiguos, las canciones infantiles, las recetas de dulces, las historias para dar miedo y para hacer soñar. No faltaban los cuentos de la patasola, el mohan, la madreselva, el hojarasquín del monte, los duendes y las brujas.

"...Arreglado el fogon alza dos ollas,

y los frisoles echa en la pequeña;

va en la grande a poner la mazamorra,

de su quehacer la operacion mas seria.

 

Se moja en agua-masa las dos manos,

las pone encima de ceniza fresca,

las sacude muy bien, y en la agua-masa

las lava luego y la ceniza deja.

 

De agua-masa y arroz llena la olla,

le echa la bendicion, y la menea

con el ahumado mecedor de palo;

sopla el fogon y aviva la candela.

 

Acaba de moler, y con la masa

va extendiendo en las manos las arepas,

colocalas despues en la callana,

y tostadas de un lado las voltea.

 

y luego las entierra en el recoldo,

y brasas amontona encima de ellas,

y chocolos encima de las brasas

pone a asar recostados en las piedras.

 

Estos se van dorando poco a poco;

los granos al calor se caponean

¡Y exhalan un olor...! que aun los peones

cuando vienen. un chocolo se llevan.

 

A las dos de la tarde suena el cacho

para que todos hacia el rancho vengan,

pues ya esta la comida. Van llegando

y en el suelo sentado forman rueda.

 

El muchacho que ayuda en la cocina

reparte a los peones las arepas;

de frisoles con carne de marrano

un plato lleno a cada par entrega.

 

En seguida les da la mazamorra,

que algunos de ellos con la leche mezclan;

otros se bogan el caliente claro,

y se toman la leche con la arepa.

 

Medio cuarto de dulce melcochudo

les sirve para hacer la sobremesa,

y una totuma rebosando de agua

su comida magnifica completa..."

(Extracto de las "Memorias sobre el Cultivo del Maiz en Antioquia". Gregorio Gutierrez Gonzalez; Seleccion Carlos Nicolas Hernandez. Santafe de Bogota: Panamericana, c1997)

 

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