Robledo y el Descubrimiento del Valle de Aburra
BIOGRAFIA DE JORGE ROBLEDO: se cree que el conquistador nació en la ciudad de Baeza (Provincia de Jaen), según afirmaciones de don Alvaro Restrepo Euse, pero no anexa documento que sustente esta noción. Otro gran historiador Emilio Robledo, asegura que el nacimiento de el Mariscal ocurrió en la ciudad de Ubeda (Provincia de Jaen) dato que obtuvo del proceso que pendió por vía de residencia ante el licenciado don Miguel Díaz de Armendariz, documento recientemente hallado en el archivo de Indias.
Un hombre de familia Hidalga, de grandes valores y de una inteligencia envidiable; la vía del diálogo era siempre su más certero camino, Capitán de las guerras de Italia, en la batalla entre Francisco I y Carlos V que terminó en éxito para los Castellanos, por la real cédula se sabe que Robledo estuvo en Méjico, siendo uno de los descubridores de Nueva Galicia y figuró en la conquista de Guatemala, dirigida por Don Pedro de Alvarado, pero ninguno de los historiadores incluye su nombre entre los capitanes o los quinientos soldados que ocuparon las naves del ambicioso conquistador, tiempo después se puso al servicio de Pizarro en las batallas que hubieron en el Perú, más exactamente en Cajamarca, posteriormente integró el ejercito de Belalcázar que venía en busca del Dorado, estuvo presente en los momentos de las fundaciones de las ciudades de Santiago de Cali y Popayán.
Robledo llegó a la Villa de Ampudia con Belalcázar. Francisco Cieza había acabado de descubrir la Provincia de Quimbaya la que más tarde conquistó fundando las ciudades de Cartago y Anserma. Jorge Robledo fue alcalde de Popayán. Obtuvo una encomienda en el pueblo de Ucache, en la actual jurisdicción del municipio de Vijes y la Gobernación de Antioquia la que desencadenó en su trágica muerte.

En 1540, el Teniente de Gobernador y Capitan General Jorge Robledo -quien actuaba en nombre del Adelantado y Gobernador de Popayán, Sebastián de Belalcazar, el cual dependia de las ordenes del Conquistador y Marques, Francisco Pizarro-, partio al norte en prosecucion de sus descubrimientos por la ribera derecha del rio Cauca, llego al pueblo Blanco y al de la Pascua, y luego al pueblo de Mungia, cuyos habitantes fabricaban sal en abundancia ("En este pueblo de Mungia, desde donde atravesamos las montañas y descubrimos el valle de Aburra y sus llanos, y en otro que ha por nombre Zenufara, hallamos otras fuentes que nacen junto a unas sierras cerca de los rios, y del agua de aquellas fuentes hacian tanta cantidad de sal, que vimos las casas casi llenas, hechas muchas formas de sal, ni mas ni menos que panes de azucar. Y esta sal la llevaban por el valle de Aburra a las provincias que estan al oriente. Y con esta sal son ricos en extremo estos indios". Pedro Cieza de Leon, p.71. Edicion de Amberes, 1584.) y de alli mando un oficial al oriente para descubrir con una partida lo que habia al lado opuesto de la cordillera nevada que llamaban los naturales el valle de Arby (Herve).
De vuelta trajeron un cacique que se les presento con una corona hecha de paja, pero con mucho arte. Robledo se conducía con los indios con algun miramiento y consideraciones; y aunque llevaba consigo los feroces mastines que tan cruelmente sabian despedazar a aquellos infelices, no hizo uso de ellos sino muy pocas veces. Los informes del Capitan Jeronimo Luis Tejelo, que fue el primer español que piso el valle de Aburra, hoy de Medellin, determinaron a Robledo a pasar alla su campo.
Hallo en su fecundo suelo y hermosisimas campiñas, abundancia de mantenimientos y arboles frutales, y en las casas de los naturales un cuadrupedo domestico y que los españoles llamaron perros mudos. Vinieron a avisar a Robledo que los naturales se ahorcaban con sus propias fajas y mantas, y tratando de salvar a algunos cortandoles las sogas, confesaron que los rostros, gestos y apariencia exterior de los españoles, les habían infundido tal terror y disgusto de la vida, que preferian morir por no recordar tan extrañas y espantables visiones.
Salio Robledo de aquel poblado valle el dia 24 de Agosto de 1541, por lo que le dieron entonces el nombre de Valle de San Bartolome, y, cruzando con trabajo ciertas sierras asperas, llegaron al cabo de una semana a las orillas del Cauca, que en vano pretendieron entonces esguazar.
Dijeron algunos indios que ellos conocian tierra riquisima de oro, para donde se ofrecian a conducir a los castellanos. Salio, pues, el Capitan Frade como explorador, con cincuenta hombres, los que despues de muchos trabajos dieron vista al rapido rio Porse. Pisaban, en efecto, los españoles, uno de los lugares mas abundantes de oro en America, pero ellos no sabian buscarlo: pretendian hallarlo ya fundido y en alhajas; pasaron, pues, este rio, ancho y profundo, por sobre un arbol colosal caido que formaba puente, y tenia mas de 25 varas de largo, y desde su extremidad, que reposaba sobre una roca, habian construido los indigenas con bejucos un puente suspendido, que detuvo a los caballos. Pasaron los infantes, aunque en breve retrogradaron perseguidos por un gran numero de naturales con hachas de piedra, macanas y dardos que los alcanzaron al llevar al puente, y sacudiendolo, precipitaron al agua dos castellanos, y los demas volvieron al campamento con la noticia de haber dado vista al norte a las llanuras de Cancan.

Comisión Corografica, Acuarela de Henry Price, Diosa de Oro, Provincia de Cordoba, 1852.
Hizo Robledo un esfuerzo para atravesar el Cauca, y lo consiguio usando balsas de guaduas, en cuyo paso gastaron ocho dias. Subieron luego las sierras opuestas, y entraron en tierras de Zurume, y luego en las vecinas de Hebejico, no sin resistencia de los indígenas, que sabian aprovecharse del terreno, lleno de precipicios y angosturas, en que perecieron despeñados muchos caballos. Los indios salian a las alturas a preguntarles que buscaban, y hacian mucha burla cuando los interpretes les contestaban que aquellas tierras y cuanto en ellas habia pertenecian al rey de Castilla. Decian que cuando era que el Rey de Castilla habia construido aquellas casas y plantado aquellos arboles, y les mandaban que se fueran, amenazandolos y hostilizandolos sin cesar, a pesar de que a los naturales que cogia Robledo les daba libertad, despidiendolos con presentes. Despues de meses de vagar por aquellas selvas, hacia el valle de Nori y de Guaca, obligados a improvisar una fragua para herrar con estriberas los caballos que les quedaban, que no podian ya dar un paso, empleando para hacer el fuelle los cueros de las botas, y usando de otros recursos y de los mas desesperados arbitrios, volvio Robledo al valle de Hebejico, en donde, ya cansado, temiendo el esguazar otra vez el Cauca, se resolvio a fundar, a fines del año de 1541 (04 de diciembre), una ciudad a la que dio el nombre de Antioquia, por la antigua y celebre Antioquia de la Siria sobre el rio Oronte. Apenas fundada la ciudad, y repartidos solares, tratose de reducir a los indios comarcanos para repartirlos tambien, lo que al fin consiguio Robledo mezclando el rigor y la dulzura. (Antioquia fue trasladada en 1542 por Juan de Cabrera al occidente del río Cauca).
Reconocido, pues, todo este territorio, se resolvio Robledo a pasar a Cartagena, y de alli a España, a solicitar se desmembrase esta parte de la Gobernacion de Belalcazar que llamaban provincias de abajo o equinoxiales, para erigirle una Gobernacion independiente, e inicio su viaje a traves de la selva llegando a San Sebastian de Uraba, dejando en su reemplazo en Antioquia, a Alonso de Mendoza.
CIRCUNSTANCIAS QUE LLEVARON A LA MUERTE DE JORGE ROBLEDO
Ante el asesinato del Marqués don Francisco Pizarro en Lima y la rebelión de don Diego de Almagro, Sebastian de Belalcazar fue el primero llamado a Popayan, como era natural, siendo el jefe principal de esta provincia y caudillo militar de tanta fama, quien reunio tropas y se presento en el Peru a restablecer la autoridad real.
A su regreso del Peru, Belalcazar paso a Cartago para averiguar el paradero de Robledo, cuya conducta comenzaba ya a serle sospechosa. Alli supo la fundacion de Antioquia y la partida de Robledo para España, con las miras de obtener el gobierno de ese territorio. Irritado Belalcazar le declaro desertor, y ordeno que se le considerase como a tal. Observando después cuán difícil era a los vecinos de Cartago sujetar y atender a los repartimientos de las tribus de Carrapa, Paucura, Pozo, etc., decidio que se fundase otra posesion en Arma, segregando de la jurisdiccion de Cartago por el norte todo lo que estaba fuera de los limites de la provincia de Quimbaya. A este efecto comisiono al Capitan Miguel Muñoz. Trabajo luego en sujetar a estos indígenas, que se mostraban siempre hostiles y obstinados, valiendose de las enemistades de las diferentes tribus entre si, pero no lo consiguio enteramente.
Mientras esto ocurria en la gobernacion de Popayan, el Adelantado don Pedro de Heredia, despues de su regreso de España a Cartagena, gozando ya del real favor, y restablecido en todos sus empleos y titulos, habia obrado activamente. En primer lugar paso a la nueva villa de Mompox, fundada por su hermano, a castigar una rebelion de los vecinos que habian maltratado al Gobernador y emprendido por su cuenta una expedicion al interior. Don Pedro Heredia logro darles alcance, prender a unos y dar muerte a otros, aunque Zapata, el principal culpado, prefirio morir en las selvas, pues nunca llego a descubrirse su paradero. De vuelta a Cartagena se aparejo de nuevo a hacer otra entrada por el rio grande del Darien, siempre en solicitud de las riquezas del Dabaibe, que eran el Dorado de la provincia de Cartagena. Despues de muchos meses de navegacion trabajosa por el rio, crecido a causa de las lluvias incesantes, y asaltado frecuentemente por los indios, no llego sino a la isla grande que forma el Atrato abajo del rio Bojaya. En un combate con los indigenas fue alli herido gravemente el hijo del gobernador Heredia; y este, desalentado y no viendo indicio alguno de las riquezas que buscaba, desistio de la empresa y volvio a San Sebastian de Uraba, en donde hallo a Robledo, al cual prendio y remitio a España, como usurpador de ajena juridiccion, y con la gente que le habia quedado tomo Heredia la via de Antioquia, esperando indemnizarse aqui de los trabajos y mal exito de su jornada del Darien.
No se verificó la de Antioquia sin las penalidades consiguientes á una marcha por las montañas silvestres de Abibe, de tal suerte, que los soldados llegaron todos enfermos. La mayor parte de los vecinos amigos de Belalcázar no quisieron sujetarse a Heredia; otros le reconocieron, y, sin la prudencia de este jefe, habría habido un combate sangriento que él supo impedir, quedando herido en una mano al interponerse entre los dos bandos. Retiráronse, pues, los vecinos disidentes, mas no tardaron mucho en encontrar al Capitán Juan Cabrera, que con una numerosa partida había destacado Belalcázar á tomar el mando de la nueva colonia. Sabiendo este oficial que Heredia había enviado una parte de la gente sana á explorar el país, es decir, á acopiar oro, y que en la ciudad quedaban sólo algunos inválidos, redoblo sus marchas, y llegando á Antioquia no tuvo dificultad en apoderarse de la persona del Gobernador Heredia, remitiéndolo con suficiente escolta preso á disposición de Belalcázar, y, lo que es más escandaloso, permitió Cabrera el pillaje á su tropa, como si entraran en país enemigo y no fueran todos vasallos del mismo monarca. Armas, ropas, caballos, de todo fueron despojados los soldados de Heredia.
Hacía ya tres años que estaba instalada la Real Audiencia de Panamá, á cuya jurisdicción se habían sometido las gobernaciones de Cartagena, Popayán y todo el Perú, segregándolas de la Audiencia de Santo Domingo, á la cual quedaba siempre sujetas en el continente las de Santa Marta y Venezuela. Belalcázar permitió á Heredia que pasase á Panamá, embarcándose en el Pacífico, y pidió que la Audiencia prohibiese al Gobernador de Cartagena entrar como lo había hecho á manó armada en ajena jurisdicción. No consta cuál fué la resolución de aquel tribunal, cuyos actos casi nunca fueron justificados; pero sí sabemos que á Heredia se le restituyó la libertad, de que usó, luego que llegó á Cartagena, para preparar una nueva expedición con qué recuperar la provincia de Antioquia, que él persistía en suponer pertenecía á su jurisdicción, y en cuya posesión fundaba las esperanzas de riqueza futura, que ya no le brindaba la de Cartagena.
Era ya entrado el año de 1544 , cuando ciertos corsarios franceses, mandados por Roberto Baal, se apoderaron sin resistencia de la ciudad de Santa Marta, que se hallaba indefensa, salvándose al monte los vecinos que pudieron con el Gobernador Luis Manjarrés. De allí pasaron á Cartagena, en dónde nada se sabia de la toma de Santa Marta, á pesar de haber permanecido ocho días en este puerto los buques enemigos: saltaron en tierra á media noche y, antes de que amaneciera se habían hecho dueños de la ciudad; quedando herido D. Antonio Heredia, hijo del Gobernador D. Pedro, en cuya casa se hizo alguna resistencia, y muerto un oficial Bejines. Prendieron al Obispo y á los vecinos que no huyeron, saquearon la ciudad, robando cuarenta y cinco mil pesos de las arcas reales, y contentándose después con algún oro que para evitar la destrucción total del lugar les mandó ofrecer el Gobernador Heredia; lo desampararon luego, dejando libre al Obispo y arruinado al Gobernador, cuyos bienes robaron. Esta desgracia le aconteció el mismo día en que iba á celebrarse el matrimonio de su hija con el capitán Mosquera, ceremonia que debía festejarse con regocijos públicos, los cuales se convirtieron en duelos, llanto y desolación.
No impidió Heredia tan pesada calamidad el llevar á efecto su proyecto de volver á Antioquia, como lo verificó luego, ayudado de algunos vecinos descontentos por el despojo de sus repartimientos, que se habían ya variado cuatro veces, según el favor y la inclinación que cada nuevo Jefe dispensaba á los habitantes, divididos siempre en dos bandos, de cartaginenses y peruleros. El capitán Tapia había favorecido á los primeros; y Alvaro Mendoza, el capitán Cabrera y el Licenciado Madroñero á los segundos; y esta alternativa de despojos se repitió todavía pocas veces. Algunos meses permaneció Heredia en Antioquia, sin sacar todo el fruto que se prometía, y al fin se determinó á regresar y hacer una visita á Cartagena, dejando magistrados nombrados por él, que muy luego fueron depuestos, y reconocida de nuevo la autoridad de Belalcázar.
Cuando D. Pedro Heredia llegó á Cartagena, se encontró con el Licenciado Miguel Díaz de Armendáriz, que venía á tomarle residencia y á promulgar nuevas leyes que causaron escándalo y trastornos en toda la América Española, como resultado de los informes unánimes de todos los religiosos y personas imparciales que de Indias pasaban á España, que confirmaban cada día las fervorosas reclamaciones del venerable Obispo de Chiapa Fráy Bartolomé de las Casas y manifestaban que los trabajos excesivos a que los encomenderos condenaban á los indios, destruían rápidamente la población indígena del Nuevo Mundo. Las leyes decian:
"Que las Audiencias tengan particular cuidado del buen tratamiento de los indios, y cómo se guarden las ordenanzas hechas en su favor, y castiguen los culpados, y que no se dé lugar á que los pleitos entre indios y con ellos, se hagan pleitos ordinarios, sino que sumariamente se determinen guardando sus usos y costumbres.
Que por ninguna causa, de guerra, rebelión ú otra, ni rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indio alguno, sino que sean tratados como personas libres y como vasallos Reales que son de la corona de Castilla.
Que ninguna persona se pueda servir de los indios por vía de naborias ni de otro modo alguno, contra su voluntad.
Que las Audiencias, llamadas las partes, sin tela de juicio, sola la verdad sabida, pagan en libertad á los indios que fueren esclavos, si las personas que los tuviesen no mostrasen título, cómo los poseen legítimamente; y que las Audiencias pongan personas de diligencia que hagan la parte de los indios, y los paguen de penas de cámara.
Que los indios no se carguen, y si en alguna parte no se pudieran excusar, sea la carga moderada, sin peligro de su vida y salud, y que se les pague su trabajo y lo hagan voluntariamente.
Que ningún empleado del Rey, ni los monasterios, religiones, hospitales, cofradías, etc., tengan indios encomendados, y que los que tuvieren, luego sean puestos en la corona real, y que aunque digan que quieren dejar los oficios y quedatre con los indios, no les valga.
Que a todas las personas que tuvieren indios sin tener títulos, sino que por su autoridad se han entrado en ellos, se los quiten y pongan en la corona.
Y porque se ha entendido que los repartimientos dados á algunos son excesivos, las Audiencias los reduzcan á una honesta y moderada cantidad, y los demás se pongan en la corona, sin embargo de cualquiera apelación, y á los primeros conquistadores que no tienen repartimientos, se les den entretenimientos en los tributos de los indios que se quitasen.
Que mereciendo los encomenderos ser privados de sus repartimientos por los malos tratamientos hechos á los indios, se pongan en la corona real.
Que por ninguna vía ni causa, ningún Visorrey, Audiencia ni otra persona pueda encomendar indios, sino que en muriendo la persona que tuviese los dichos indios, sean puestos en la corona real, y si entre tanto pareciese por los servicios del muerto que conviene dar á la mujer é hijos algún sustentamiento, lo puedan hacer las Audiencias, de los tributos que pagaren los indios.
Que las Audiencias tengan mucha cuenta que los indios que se quedaren y vacaren sean bien tratados y doctrinados en las cosas de nuestra Santa Fe Católica.
Que los que están descubriendo hagan la tasación moderada de los tributos que han de pagar los indios, teniendo atención á su conservación, y con el tal tributo se acuda al encomendero; de manera que los castellanos no tengan mano, ni entrada, ni poder con los indios, ni mando alguno, y que así se estipule expresamente en todo nuevo descubrimiento.»
El Licenciado Armendáriz remitió al Adelantado Belalcázar copia de estas leyes á fin de que las hiciese promulgar y cumplir en su Gobernación. Superfluo es decir que ellas fueron tan mal recibidas por los colonos del Cauca como por los demás de las Indias; más Belalcázar los aplacó, haciéndoles presente las consecuencias fatales de desobedecer al Monarca, los excitó á que después de publicadas y acatadas como correspondía á tales vasallos, nombrasen procuradores que pasarían á la Corte á solicitar su revocación, y él, por su parte, con la mayor frescura, tomó sobre su responsabilidad el suspender su ejecución. Entonces comenzó en el Nuevo Mundo español á campear la fórmula irrisoria de se obedece, pero no se cumple; con que se eludían las órdenes que no les convenía ejecutar á los funcionarios de aquellas apartadas comarcas.
Belalcazar fue llamado nuevamente al Peru por el Virrey Blasco Nuñez Vela, a quien los rebeldes habian arrojado y estaba siendo perseguido por Gonzalo Pizarro, entonces acudio Belalcazar a su auxilio, para restablecer el poder real, pero dicha batalla fue ganada por Pizarro, quien no obstante, permitio a Belalcazar volver a su Gobernacion. Al volver a su provincia, supo en Cali que el Capitan Jorge Robledo habia sido nombrado en España Mariscal, y que Armendariz lo destinaba como su Teniente a las provincias del Sur (en España Robledo pudo comprobar los grandes servicios prestados a la Monarquía por esto la justicia se puso de su parte, dando nulidad a su proceso, entonces la corona le concedió el título honorífico de Mariscal).
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En 1545, Robledo con su esposa Doña María de Carvajal (nacida en 1517) se embarca desde España a las Indias y los acompañaron el Capitán Juan de Taborda y su familia (su esposa doña Leonor Lopez de Santofimio, su hijo don Juan Taborda y sus hijas Doña Juana y doña Leonor Taborda); posteriormente los Capitanes Bartolomé Sánchez Torreblanca, y Fernando de Zafra Centeno aparecen en la historia de la Villa de Santafe de Antioquia.. |
Desembarcó en Cartagena de Indias después de haber dejado en Santo Domingo (1545) a su esposa doña María, y Don Miguel Díaz Armendariz nombrado por la corona Visitador y Juez de Residencia de los Gobernadores de Cartagena, Santa Marta, Popayán y Río de San Juan, con el animo de favorecer al Mariscal Robledo, le nombró Gobernador de Antioquia, Arma, Cartago y Anserma, con suprema independencia de Belalcázar.
| Luego llegaron otros españoles como los Capitanes Ruiz y Torres, trajeron a sus hijas Doña Francisca Ruiz (que contrajo matrimonio con el español Francisco Guzmán) y Doña Jeronima de Torres (que contrajo matrimonio con el Español Juan Taborda "el mozo"). |
Robledo
se
habia
encaminado desde San Sebastián de
Uraba
a Antioquia. En el camino
hallo una partida de españoles en
colleras de hierro, que conducia una fuerte escolta
a Cartagena.
Eran los presos:
el Licenciado Madroñero, ex Gobernador de Antioquia, Gaspar de Rodas y otros
Peruleros. Dejo que continuasen los presos la marcha
a su destino,
exceptuando
a Gaspar de Rodas,
a quien dio libertad y lo hizo regresar, por ser
antiguos amigos.
Robledo considerando que era conveniente que
existiera una Ciudad en el Valle del Cauca, funda a Santa Fé, en Junio de
1546. Quedaban entonces en existencia dos centros Españoles en la Zona:
Antioquia en la región de Frontino, y Santa Fé en el sitio actual.
Recibieron como Gobernador los vecinos de Antioquia
a Robledo,
y poco despues siguio
este a tomar posesion de los demas pueblos,
en los cuales, segun se vio, la opinion era mas favorable
a Belalcazar que lo
que
el creía; En Arma el Cabildo se nego
a recibir
a Robledo, y tuvo que usar de
violencia quebrando la vara
a
uno de los Regidores. Tampoco lo recibieron en Cartago como Gobernador sin
protesta de haber cedido solo
a la fuerza. En
Anserma los Oficiales reales se negaron
a entregarle los fondos existentes, y
rompio las arcas para sacarlos; medidas todas que le hacian odioso, y que,
referidas al Adelantado Belalcazar residente entonces en Cali, le pusieron
espuelas para salir
a verse con quien tan sin ceremonia se portaba dentro de su
Gobernacion.
Enviaronse reciprocamente mensajeros, Belalcazar nego la autoridad que hubiera tenido Armendariz para nombrarle Teniente sin haberle antes residenciado, y requirio a Robledo para que restituyese los fondos que había tomado violentamente del real erario en Anserma, y le desocupase el territorio que le tenía usurpado. El Adelantado marchaba con ciento cincuenta soldados, y Robledo no contaba sino con setenta. Asi, se retiro a un sitio fuerte en la toma del Pozo, al lado derecho del Cauca. De alli envio nuevos mensajeros al Adelantado, que habia contestado a los ultimos con palabras que dejaban alguna esperanza de aveniento. Mas aqui ceso su fingimiento; temiendo que se le escapase el confiado Robledo, prendio cerca de Carrapa a los ultimos enviados, a fin de que no llegara a noticia del mariscal su marcha, y, redoblandola, sorprendio descuidado a Robledo en la noche del 1o. de Octubre del año de 1546. Viendo este que era inutil toda resistencia, en vez de recurrir a la fuga, salio voluntariamente a presentarse a Belalcazar, muy ajeno de la suerte que le esperaba. Este le reconvino agriamente, llamandole desertor, traidor y usurpador; pero dudando todavia si le mandaria matar, convoco a sus oficiales, que estimaron que este era el partido más seguro. Diosele pues garrote a este distinguido oficial, el 5 de Octubre, a pesar de que reclamaba morir decapitado, como caballero. Fueron también ajusticiados el comendador Sousa y tres oficiales mas.
Despacho luego Belalcazar al capitan Coello a tomar posesion de la ciudad de Antioquia y a castigar con el ultimo suplicio a los vecinos que habían depuesto a su teniente el licenciado Madroñero: acompañaba a Coello Gaspar de Rodas, que debia quedar mandando en el distrito. Este buen español, olvidando pasadas injurias, y acordandose solo de que era hombre y cristiano, despacho secreta y anticipadamente un mensaje a sus mismos enemigos, previniendoles de la suerte que les esperaba si no se ponían en salvo, corno lo hicieron, disponiendo de sus bienes y retirandose a Cartagena, y pasando luego al Peru con el licenciado Gasca.
No hacía muchos meses que había vuelto Belalcázar á Popayán, cuando recibió las órdenes del licenciado La Gasca para pasar al Perú con el mayor número de tropas que le fuera posible juntar, á fin de contribuir á castigar los rebeldes, vengar la muerte del Virrey y restablecer el dominio del monarca español. Púsose pues en camino por tercera vez hacia el Perú, alcanzó las tropas reales en Huamanga, y tuvo la fortuna de hallarse á principios de 1548 en la batalla de Xaquixaguana, en que terminó con su prisión y muerte el alzamiento de Gonzalo Pizarro. El Adelantado Belalcázar mandaba la caballería de Gasca, y aunque no llegó la ocasión de que esta se empeñara, por la defección de las tropas de Pizarro desde el principio del combate, sin embargo, el comisario regio despidió á Belalcázar colmándole de elogios por su lealtad y la puntualidad con que había concurrido desde tan remotas regiones al real servicio.
Pocos meses despues del retorno de Belalcazar a Popayan, llego el oidor Briceño con la mision de tomarle residencia que fue rigurosa, particularmente respecto de la muerte de Robledo, sobre cuyo castigo instaba sin cesar su viuda doña Maria Carvajal. Aunque estamos muy lejos de pretender justificar a Belalcázar, no es posible dejar de suponer que su juez, condenándole á muerte, no obrara con alguna parcialidad, cuando vemos que no mucho después se desposó el mismo con la viuda de Robledo. Otorgóse sin embargo al Adelantado la apelación ante el Rey dando fianzas, y ciertamente parece difícil que hubiera sido posible hallar en todo el reino quien se prestase á dar la muerte á un caudillo tan querido y popular como Belalcázar. Púsose éste tristemente en camino para la corte, y la idea desconsoladora de presentarse como reo en España se apoderó de tal modo de su ánimo, que "murio de pena" en Cartagena el año de 1550 con general sentimiento de aquellos vecinos, los cuales le hicieron suntuosas exequias en que no tuvo poca parte el Gobernador. En efecto, don Pedro Heredia no había cesado de dispensarle desde su llegada todas las consideraciones debidas á su rango y á su desgracia, y los mayores cuidados durante su enfermedad
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